Yo sé porqué canta el pájaro enjaulado
En tiempos de la posguerra española, era costumbre mandar a algún hijo o hija con unos tíos que pudieran hacerse cargo de la crianza en momentos de necesidad familiar. Así pasó conmigo: mi madre me mandó con mi tía María Cruz al pueblo de Aguilar del Río Alhama. Allí asistí a la escuela primaria, fui recadera, aprendí ganchillo y el arte de contar mentiras.
En el pueblo me recuerdan por mis travesuras, por ser un chicazo y por poseer una imaginación desbordante. Más tarde, las monjas castigarían mi independencia por imaginar historias, no mantenerme en la fila, salirme de la línea al dibujar, ensuciar el margen del cuadernillo y ser una rebelde. Aún tengo vivo en mi memoria el comentario de una monja que, levantando los brazos, me decía: “Tienes una imaginación tan retorcida que te sale en forma de rizos por la cabeza”.
La lectura del libro de Maya Angelou ha revivido muchos de esos recuerdos y, al escuchar su voz cantando a la vida, he aprendido a escuchar los ecos de mi propia memoria.
© MAR MATEO SAINZ 2024

